Lava que expulsamos en forma de enojo

Editorial Por Luis Molina

Un video de tan solo segundos que se subió en las redes sociales donde una señora amenazó a los empleados de una panadería con echarles la inmigración por un producto que ella alega que no le dieron, causó una gran controversia e indignación ante la comunidad donde la señora Estela recibió una gran cantidad de insultos. Mediante la entrevista por video que le hizo El Informador para ver por qué lo había hecho, se ve la indignación de la comunidad por las palabras y amenazas que ella hizo lo que resultó en una bomba de insultos contra la mujer.

Esto nos enseña una importante lección; de tener más cuidado de lo que vamos a decir y más cuando estamos irritados, porque muchas veces lo que decimos enojados no es realmente lo que vamos a hacer, simplemente lo decimos irritados y con el tiempo eso nos puede costar muy caro y las palabras son algo que ya no podemos regresar.

Por una parte, entendemos la comunidad del por qué se sienten ofendidos ya que es algo muy sensible y más por los últimos cambios donde los jóvenes de DACA se han visto afectados, y recientemente ahora los beneficiarios del TPS quienes también les fue removido el programa.

Existe el dicho, “el que se enoja pierde”, y es una verdad tan simple, pues nos damos cuenta que cuando nos enojamos, inmediatamente nos transformamos en otra persona que tiene solamente una meta en la cabeza: defender su posición a cualquier costo, pues después de todo, estamos en lo correcto.

Un volcán usualmente expulsa una mínima parte de la lava que contiene en su interior, la mayoría queda intacta y es por eso que el volcán tiene que explotar nuevamente pues todavía hay demasiado adentro. Es solamente cuando un volcán expulsa todo que se dice que está dormido, pues ya no hay nada que expulsar.

De la misma forma somos como un volcán. La lava que expulsamos, usualmente en forma de enojo, es solamente una mínima parte de lo que estamos sintiendo. En nuestras raíces sentimos dolor, rechazo, tristeza, abandono y un sinfín de emociones que decidimos demostrar en forma de enojo. Pero, ¿por qué el enojo? El enojo es una emoción fácil, segura, y poderosa. Es mucho más fácil demostrar enojo que admitir ser vulnerables y demostrar el dolor del rechazo. Sin embargo, el costo de ir al enojo es demasiado. Si aprendemos cómo ir a la raíz del problema, o de nuestras emociones, podremos lidiar con el conflicto mucho más eficientemente y acercarnos más con nuestro prójimo.

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