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Editorial por Luis Molina
Hay que carecer de sensibilidad y humanidad, por no decirlo más feo, al extorsionar a una persona, de verdad que no hay otra explicación, y la extorsión va más allá cada día ya que con ayuda de la Inteligencia Artificial los criminales, porque así se les debe de llamar la están haciendo.
Y lo digo porque es algo tan inhumano de por sí ya el tener a un familiar desaparecido es muy doloroso, imagínense que un día les lleguen con imágenes o videos creados con esta herramienta en donde se ve a tu familiar desaparecido pidiendo ayuda, debe ser devastador.
Esta desafortunadamente es una tendencia creciente en la actualidad y algo que es urgente combatir para que estas formas de extorsión sean castigadas.
La inteligencia artificial se ha convertido en un motor de innovación y desarrollo a nivel global, sin embargo, en manos de las personas equivocadas es una herramienta sumamente peligrosa. Entre los retos de esta tecnología, se encuentra la proliferación de las “Deepfakes”, el cual se encarga de crear un video, una imagen o un audio generado para imitar la apariencia y sonido de una persona de modo artificial, y son tan convincentes, tan realistas, que muchas veces, el ojo humano no percibe que está frente a una imagen ficticia.
El mal uso de esta herramienta se dio a conocer hace muy poco, en diciembre pasado, la organización de abogados ecuatorianos en Estados Unidos, “1-800- Migrante”, fue la primera en denunciar las extorsiones a familias de migrantes desaparecidos con videos generados por inteligencia artificial.
Una familia recibió los supuestos videos de Patricia Carchi, una ecuatoriana de 35 años que semanas antes desapareció en su intento por cruzar a Estados Unidos, y de quien ya no se tuvo más contacto ni noticias, un familiar de Patricia recibió un primer video real mostrándola desmayada, aparentemente agonizando en el desierto. Sin embargo, más tarde aparecieron dos videos adicionales generados con inteligencia artificial, donde Patricia parecía recuperada. Los extorsionadores pedían dinero para sacarla de un hospital en Texas.
La familia juntó 13 mil 500 dólares, los cuales fueron enviados a sus extorsionadores y obviamente, Patricia sigue desaparecida. Y es que, la emoción de saber y creer que nuestros familiares están vivos, nos lleva a no tener el mínimo cuidado y verificar esos detalles que la IA aún no perfecciona.
La alevosía con que estas personas actúan no puede quedar impune, es por esto que el delito de extorsión de esta índole debe ser castigada con todo el peso de la ley, la problemática es especialmente preocupante, pues las nuevas generaciones cada vez dominan mejor estos recursos y los de mayor edad nos vamos quedando muy por detrás de esto y eso aumentan el riesgo de que estas prácticas criminales se expandan y que más personas caigamos en esto.