
Por Melisa Utz
El moho en el hogar es más que un problema estético; puede ocasionar daños significativos tanto a la salud como a tu propiedad. El moho crece en ambientes húmedos y mal ventilados, como baños, sótanos o áreas con filtraciones. A medida que se expande, libera esporas que contaminan el aire, lo que puede desencadenar alergias, irritación en ojos y piel, asma o incluso infecciones respiratorias graves, especialmente en personas con sistemas inmunológicos debilitados, niños o ancianos.
Además del impacto en la salud, el moho deteriora materiales estructurales. Puede debilitar paredes, techos y suelos al descomponer madera, yeso y otros componentes, lo que genera costosas reparaciones. Los muebles, alfombras y objetos personales también sufren: el moho los mancha, genera mal olor y, en casos extremos, los vuelve insalvables. Si no se controla a tiempo, una pequeña mancha puede convertirse en una infestación que reduzca el valor de la vivienda y complique su venta.
Prevenir el moho es clave: mantener una buena ventilación, reparar goteras y controlar la humedad son medidas esenciales. Si ya está presente, actuar rápido con limpieza profesional puede marcar la diferencia. No subestimes este problema silencioso que afecta tu bienestar y tu inversión.
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