
Por Melisa Utz
Invertir en bienes raíces puede ser una excelente forma de generar ingresos pasivos y aumentar tu patrimonio, pero también conlleva responsabilidades fiscales. Afortunadamente, el gobierno ofrece múltiples deducciones que pueden ayudarte a reducir tu carga tributaria si manejas tus propiedades de inversión de manera estratégica.
Una de las deducciones más comunes es la deducción por intereses hipotecarios, que permite restar los intereses pagados sobre la hipoteca de tus ingresos brutos. También puedes deducir los impuestos sobre la propiedad y los gastos operativos necesarios para mantener tu inversión, como mantenimiento, reparaciones, seguros, honorarios de administración y suministros.
Otro beneficio importante es la depreciación, que reconoce que el valor de una propiedad disminuye con el tiempo. Aunque no es un gasto real, puedes deducir un porcentaje anual del valor de la propiedad (excluyendo el terreno), lo cual reduce tus ingresos imponibles. Además, si utilizas tu vehículo para tareas relacionadas con la propiedad —como mostrar unidades o ir a supervisar reparaciones— puedes deducir una parte de los gastos de transporte o millaje.
Cuando llegue el momento de vender tu propiedad, podrás aprovechar las deducciones por mejoras de capital, ya que los gastos invertidos en remodelaciones o ampliaciones pueden aumentar tu base de costo y disminuir las ganancias sujetas a impuestos.
Comprender y aplicar correctamente estas deducciones puede marcar una gran diferencia en tus finanzas. Contar con la guía adecuada te ayudará a maximizar los beneficios fiscales y proteger tus inversiones a largo plazo.
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