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Se nos educa para vivir negando el enojo, porque el enojo es malo

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Opinión por Héctor Loya

El enojo es una emoción instintiva e intuitiva que se activa para motivar e impulsarnos hacia la defensa, protección y conservación de nuestra mente, cuerpo, nuestras cosas y nuestras relaciones.

Socialmente escuchamos decir que hay que controlar el enojo; porque enojarse es malo o negativo. Erróneamente muchas veces se nos educa para vivir negando el enojo; sin embargo, el enojo nos ayuda a desarrollar la habilidad de cuidar nuestro mundo interno y externo.

Digamos que querer vivir sin enojo nos lleva a sobrevivir desde la apatía o desde la irritabilidad, que en realidad son dos caras de la misma moneda.

Para ejemplificar esto les presento el caso en el que hay un niño de 3 años que se encuentra tranquilamente jugando, la madre recibe la visita de una amiga con su pequeño de 2 años. El visitante toma el juguete favorito del chico de la casa, a lo que éste responde quitándole el juguete y dando un grito para alejar al pequeño intruso, por decirlo de alguna manera. Acto seguido, su mamá le dice que no debe ser un niño malo y que aprenda a ser compartido, le dice que no sea envidioso, lo manda a su recámara, además de que le quita el juguete para prestarlo al visitante, pues ella considera que es lo correcto. Este tipo de situaciones, y otras, se repiten y se resuelven de manera similar en el seno de muchas familias

Imaginemos pues dos tipos de respuestas, influenciadas por diversos factores, como la propia personalidad del niño.

Al pasar de unos años, cada vez que llega una visita el niño se encierra en su recámara negándose a salir a saludar y si lo hace, se muestra callado y ausente. Las personas dicen que es antipático, pero en realidad este chico sobrevive desde la apatía, que no es otra cosa que la frustración de su derecho a expresarse.

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También puede suceder que al pasar de los años, y siendo ya adulto, aquel niño, cada vez que percibe o cree que sus necesidades están siendo descuidadas o injustamente atendidas, responda gritando, golpeando, quebrando, hablando de manera iracunda, impulsiva y desproporcionada al suceso real, con lo que genera constantemente conflictos en los diferentes contextos donde se desenvuelve.

Si consideras que es difícil expresar desacuerdos, decir no y poner límites, comienza a validar lo que sientes y date permiso para decir y hacer lo que necesitas. Y si lograste identificar que tu manera de exigir que te escuchen y atiendan te deja con una sensación de culpa que incomoda, comienza a utilizar la comunicación asertiva. Esto tiene que ver con reflexionar antes de actuar.