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Tras ver la nariz de un pintor que trabajaba en su casa, cirujano le ofrece corregir su padecimiento

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Un hombre, que fue contratado por un cirujano plástico de Nueva York para pintar y arreglar su casa, recibió una oferta que no pudo rechazar: la oportunidad de corregir el padecimiento de su nariz.

Según Thomas Romo, especialista en cirugía plástica y reconstructiva facial, Conrado Ramos Estrada padecía una manifestación muy avanzada de rinofima, una enfermedad que afecta la piel de la nariz, haciendo que ésta parezca inflamada.

“Se cree que [la rinofima] es el resultado de una rosácea severa y no tratada, una afección cutánea inflamatoria crónica que causa enrojecimiento facial en la nariz y las mejillas,” explicó el doctor Romo.

El doctor Romo no se había topado con un caso tan grave de rinofima hasta que se encontró con el señor Ramos Estrada. Hace cinco meses, el cirujano contrató a un grupo de trabajadores para que hicieran obras de remodelación en su casa de Bronxville.

Entre los trabajadores se percató de un hombre que tenía una nariz tan grande que colgaba enfrente de su boca. El cirujano se le acercó al hombre y le ofreció la oportunidad de corregir el padecimiento en su nariz.

“Había pasado seis años viendo médicos y especialistas de la piel y nunca hubo una mejoría”, dijo el señor Ramos al New York Post. Desafortunadamente, la única intervención médica que se podía realizar en su caso era una cirugía, procedimiento que el doctor Romo realizó pro bono.

“Después de eliminar el exceso de crecimiento, le rediseñé la nariz y le apliqué vendajes estériles”, compartió el doctor Romo en Instagram. “¡Estaba tan emocionado y agradecido! No hay mejor satisfacción que poder usar mi especialidad y habilidad para mejorar la calidad de vida de otra persona”.

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La corrección no solo era por motivos estéticos, este padecimiento afectaba la calidad de vida del señor Ramos. Acostumbrado a usar cubrebocas desde mucho antes de la pandemia, la enfermedad en su nariz no le permitía respirar bien, afectaba su habla, le hacía roncar. “Me había llegado a los labios y cada vez que comía un bocado tocaba la cuchara”, dijo.

Hoy ya se siente como un hombre nuevo: “Creo que Dios envió un ángel para que me cuidara, y así es como veo al doctor Romo”.

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