Inicio OPINION EDITORIALES Atropellos en Grand Rapids: una tragedia prevenible que exige responsabilidad compartida

Atropellos en Grand Rapids: una tragedia prevenible que exige responsabilidad compartida

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Archivo.EFE/Jason Szenes

Opinión por Héctor Loya

Cada invierno, Grand Rapids se vuelve más oscura y también se vuelve más peligrosa. Las cifras de atropellos tienden a aumentar en esta temporada, y aunque muchos quieran atribuirlo únicamente a las condiciones de la temporada, la realidad es mucho más compleja, estamos frente a una crisis de responsabilidad, tanto de peatones como de conductores.

La primera causa que salta a la vista es la falta de visibilidad. Durante los meses fríos, las tardes se vuelven noches mucho antes de que la mayoría regrese a casa. Las calles oscuras, cubiertas de nieve o humedad, dificultan que los conductores distingan a los peatones, aun cuando éstos cruzan de manera adecuada. Pero el problema se agrava cuando muchas personas deciden atravesar avenidas y calles por zonas no designadas para ello. Ya sea por prisa, costumbre o desconocimiento, este comportamiento incrementa el riesgo de accidentes de forma alarmante. La infraestructura urbana puede mejorar, sí, pero la prudencia personal es un factor que no puede ignorarse.

Por otro lado, resulta imposible hablar de atropellos sin señalar una conducta que, lamentablemente, se ha normalizado: el uso del celular al volante. Grand Rapids no es ajena al fenómeno del “conductor distraído”. Mensajes, notificaciones y llamadas se han convertido en una combinación mortal cuando se mezcla con un vehículo en movimiento y calles resbaladizas. A ello se suma otro problema igual de grave: manejar en estado de ebriedad. En una temporada donde las reuniones sociales aumentan, también lo hace el número de personas que creen poder conducir “solo unas cuadras” tras haber bebido. Ese pequeño momento de irresponsabilidad puede costar una vida.

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La solución no depende únicamente del gobierno o de la policía; es una responsabilidad compartida. Las autoridades pueden reforzar la iluminación pública, mejorar las señales peatonales y aplicar sanciones más severas. Pero la comunidad también debe poner de su parte. Los peatones deben usar los cruces adecuados, portar ropa reflectante y evitar conductas de riesgo. Los conductores, por su parte, necesitan retomar lo básico: manos en el volante, ojos en la calle y tolerancia cero al alcohol.

Grand Rapids merece calles seguras, y lograrlo no es imposible. Implica reconocer que los atropellos no son accidentes inevitables, sino eventos prevenibles que reflejan hábitos que debemos cambiar. Si peatones y conductores asumen la responsabilidad que les corresponde, el invierno podrá seguir siendo oscuro, pero nuestras calles no tendrán por qué serlo también.