Aumento a impuestos y gasolina ¿la decisión correcta?

Editorial por Héctor Loya

Como ya es de conocimiento para muchos la mañana del martes 5 de marzo la gobernadora de Michigan Gretchen Whitmer realizó un discurso en el cual lanzó sus primeras recomendaciones de presupuesto para el próximo año fiscal 2020.

Ante tal discurso hicieron acto de presencia las palabras “impuestos” y “aumento a la gasolina” ya que según la gobernadora su presupuesto está enfocado en resolver sus tres prioridades principales, arreglar los caminos, limpiar el agua potable y la educación.

Cuestión por la cual fue ampliamente criticada y cuestionada por sus seguidores en las redes sociales y en los diferentes medios de comunicación, los cuales como si se tratara de una traición a quema ropa, quienes votaron por ella ahora la niegan y rechazan, y es que el aumento de los impuestos ya sea sobre materia energética como la gasolina o de cualquier otra índole es un tema sumamente delicado y más por la reacción que puede provocar en distintos sectores de la población.

Ante esta situación surge una pregunta ¿será la medida adecuada para recabar el dinero que se necesita?

Es importante primero dimensionar la naturaleza de la medida, cuáles son los efectos de la misma y la forma en que se adoptó su ejecución. Ésta es una política pública con una idea central que pudiera parecer la correcta, está bien diseñada, bien ejecutada, con buena medición de los tiempos, pero mal comunicada y difundida, aparte de contar con un grupo de opositores muy amplio no solo en la sociedad misma sino en los sectores políticos republicanos.

Y ese es el peor problema y error que se pueda cometer ya que propósitos bien intencionados pueden convertirse o tomarse por malos.  Y es que para mala fortuna y como suele suceder esta idea es rotundamente rechazada a raíz de medidas mal tomadas y por los gobiernos corruptos, que desestiman la calidad de vida y el ingreso económico al que pueden llegar las personas que a veces resulta insuficiente, y eso es algo que no deben olvidar porque ellos son los que pagan los impuestos.

Es evidente el disgusto de las personas por el incremento al combustible y otros impuestos, el cual afecta directamente no sólo a los propietarios de automóviles, sino a la totalidad de la cadena de suministro y por ello los precios generales de la economía; es por esto que el modelo de ejecución debe considerar todos los factores que provoca la medida y sus impactos colaterales a largo plazo.

En casos como este, la recomendación es sencilla y es que hay que establecer pisos y techos de movimiento de los precios al público, pero sobre todo tomar al pueblo en cuenta ante las decisiones, porque una democracia implica eso la participación de sus gobernados, más sobre una gobernadora que pertenece a una línea DEMOCRATA.

Hoy por hoy los residentes de Michigan hemos de pagar el costo de lo que es un denominado impuesto a favor de “las malditas carreteras” como lo dijo la gobernadora.

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