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Whitmer dijo a Trump que empleos automotrices en Michigan dependen de cambio de rumbo en aranceles

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La gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, se reunió en privado con el presidente Donald Trump en el Despacho Oval para presentarle un argumento que él no quería escuchar: la industria automotriz que él dice querer salvar está siendo perjudicada por sus aranceles.

La funcionaria de filiación demócrata llegó con una presentación de diapositivas para exponer sus puntos. Conseguir la reunión el martes con el presidente republicano fue un logro para alguien considerada posible aspirante de su partido a la nominación presidencial en 2028.

La estrategia de Whitmer para tratar con Trump pone de relieve el dilema para ella y otros líderes demócratas mientras intentan proteger los intereses de sus estados, a la vez que expresan su oposición a la agenda del mandatario. Es una dinámica que Whitmer ha manejado de manera muy distinta a muchos otros gobernadores demócratas.

El hecho de que Whitmer tuviera «una oportunidad para hacer exhortaciones directas» en privado a Trump es algo único en este momento político, observó Matt Grossman, profesor de política de la Universidad Estatal de Michigan.

Fue la tercera reunión de ella con Trump en la Casa Blanca desde que él asumió el cargo en enero. Sin embargo, esta fue mucho menos pública que otra ocasión en abril, en la que Whitmer formó parte involuntariamente de una conferencia de prensa improvisada que la avergonzó tanto que se cubrió el rostro con una carpeta.

El martes le dijo al presidente que el daño económico de los aranceles podría ser severo en Michigan, un estado que ayudó a llevarlo a la Casa Blanca en 2024. Whitmer también mencionó el apoyo federal para las labores de recuperación tras una tormenta de hielo, e intentó retrasar cambios en el servicio Medicaid.

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Trump no ofreció compromisos específicos, según personas al tanto de la conversación privada que no estaban autorizadas para declarar sobre ella públicamente y hablaron a condición de guardar el anonimato para poder describirla.

Whitmer no es la única que advierte sobre las potenciales consecuencias dañinas —incluidas la pérdida de empleos en fábricas, menores ganancias y próximos aumentos de precios— de los impuestos a la importación que Trump ha dicho serán la salvación económica para la manufactura estadounidense.

Kush Desai, portavoz de la Casa Blanca, indicó que ningún otro presidente «ha mostrado un interés mayor en restablecer el predominio de la industria automotriz estadounidense que el presidente Trump». Los marcos comerciales negociados por el gobierno abrirían los mercados japonés, coreano y europeo a los vehículos fabricados en líneas de ensamblaje en Michigan, apuntó Desai.

Pero el acercamiento que Trump ha preferido tiende a ser el de presentaciones llamativas por parte de directores ejecutivos de tecnología. En el Despacho Oval el miércoles, el director general de Apple, Tim Cook, le dio al presidente una placa de vidrio personalizada con una base dorada mientras Cook prometía 600 mil millones de dólares en inversiones. Trump dice haber atraído 17 billones de dólares en compromisos de inversión, aunque ninguna de esas cifras ha aparecido aún en los datos económicos.