Abuso y pornografía infantil: un crimen al alcance de nuestros hijos

Editorial por Héctor Loya

omo padres de familia siempre vamos a estar preocupados sobre la seguridad de nuestros hijos y lo más normal es que nos interesemos sobre las cuestiones que les suceden en el hogar, en la escuela, con los amigos y en la sociedad. Sin embargo y a pesar de todos los esfuerzos que ponemos como padres de familia siempre van a existir los medios para cometer delitos sobre los menores.

En esta ocasión hablaremos sobre la pornografía infantil, un crimen cibernético que acosa a los menores en la actualidad.

Lamentablemente existen personas con una perspectiva desvirtuada de la realidad y convierten el cariño por los niños en un cariño enfermo y retorcido el cual para mala fortuna suele violar la integridad de los más indefensos.

El modus operandis de estos sujetos es a través de internet, los cuales suelen contactar a los niños a través de una red social, se van ganando su confianza y poco a poco van generando una situación que los va enredando. Después de un tiempo los menores ya no saben como salir de este escenario y, ya sea por amenazas o por alguna otra circunstancia, se ven forzados ya sea a mandar videos por algún dispositivo móvil o incluso a tener encuentros con estas personas degeneradas.

Normalmente estos sujetos tienen en sus computadoras o dispositivos de almacenamiento las evidencias de este abuso a los menores los cuales en muchas ocasiones divulgan e incluso comercializan.

Este es un delito grave que es penado por la ley, pero los esfuerzos de los oficiales no bastan para combatirlo y erradicarlo; debemos empezar desde el hogar, desde la fuente y donde se realiza el delito.

Como padres debemos estar muy atentos y sobre todo al pendiente de nuestros hijos, no perderlos de vista y cuidar lo que ven tanto en sus celulares como en sus tablets y computadoras. Si prevenimos existirá un menor riesgo de que esto suceda.

La seguridad de los menores siempre se encontrará en riesgo y más aún por su vulnerabilidad y falta de madurez. Como adultos debemos emprender todos nuestros esfuerzos para cuidarlos y protegerlos de estos peligros.

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