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EL DILEMA DEL FUNDADOR O FUNDADORA: ¿TIENES UN NEGOCIO O UN EMPLEO DE ALTO RIESGO?

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Existe un momento crítico en la vida de todo PROPIETARIO(A) DE NEGOCIO en el que la emoción inicial da paso a una incómoda sospecha: el negocio ya no trabaja para ti, tú trabajas para el negocio. Desafortunadamente, esto es muy común en muchísimos propietarios.

Al principio, ser el centro de todas las decisiones es natural e incluso necesario, ya que el propietario es quien se supone que conoce el negocio: es el estratega, el vendedor, el cocinero, el operador y el bombero que apaga los incendios diarios. Sin embargo, lo que en los primeros días es dinamismo y compromiso, con los años puede convertirse en la trampa más riesgosa para la salud del propietario y del negocio mismo: la trampa de la «indispensabilidad». Es decir, el propietario se vuelve indispensable en todo, ¡lo que va obstaculizando el crecimiento de sus colaboradores Y DEL NEGOCIO MISMO!

Si para que las cosas salgan bien tienes que estar presente, supervisar cada detalle o dar el visto bueno a cada proceso, no has construido una empresa; has construido un autoempleo absorbente del cual eres el empleado más costoso y difícil de reemplazar.

Muchos propietarios confunden su presencia con el control. Creer que «nadie hace las cosas como yo» o que «si no estoy yo, los empleados no trabajan bien, pierden el tiempo, etc.», suele ser una necesidad del ego. Pero lo más delicado es el reflejo sombrío para el futuro de la empresa: ¡ES BASTANTE RIESGOSO! Cuando la operación depende exclusivamente del talento, la memoria o el criterio del dueño(a), la organización se vuelve frágil. Y si a eso se le suma la falta de conocimientos y habilidades para administrar, el panorama es aún peor.

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Un negocio maduro no se mide únicamente por sus ventas mensuales o su margen de utilidad, sino por su autonomía operativa. El valor real de una empresa radica en su capacidad de generar resultados consistentes a través de procesos, sistemas y personas capacitadas, independientemente de quién esté al mando.

Para transformar la operación diaria en una estructura sólida y perdurable, vale la pena reflexionar sobre cuatro pilares fundamentales:

De la intuición a los procesos: los grandes resultados no pueden depender de la buena voluntad del día a día. Se debe documentar la manera correcta de hacer las cosas.

El arte de delegar con autoridad: delegar no es simplemente asignar tareas; es transferir la responsabilidad de un resultado y otorgar la facultad para tomar decisiones. Si tu equipo te consulta cada paso, estás delegando la ejecución, pero no la autonomía, además de que estás subsidiando los conocimientos de ellos con los tuyos.

Espacio para la estrategia: apagar incendios produce una falsa sensación de productividad, pero consume la energía necesaria para innovar, analizar el mercado y planear el futuro. ¡El rol principal de un dueño no es resolver los problemas de hoy, sino anticipar los de los próximos tres años! Y SI SOLO SE DEDICA A RESOLVER PROBLEMAS, entonces debe hacerse una pregunta: ¿Qué están haciendo bien sus colaboradores?

La profesionalización e institucionalización como legado: crear reglas claras, definir perfiles de puesto y estructurar un esquema de gobernanza no resta libertad; al contrario, ¡otorga estabilidad, permite que el negocio se vaya transformando en EMPRESA, siga creciendo de manera sostenible en el tiempo y el propietario o propietaria cuide su SALUD MENTAL!

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Para evaluar el estado real de tu negocio, basta con hacer un ejercicio de honestidad ejecutiva y plantearte una sola pregunta:

Si mañana te ausentaras por completo de tu negocio durante 30 días —sin teléfono, sin correo y sin reuniones de urgencia—, ¿qué encontrarías a tu regreso?

¡Hasta la próxima semana!

Por Hugo O. Zamora F. Coach hzamora@crecelatino.us Instituto Crece Latino www.crecelatino.us