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Abuso de maestros a alumnos, una constante que va en aumento

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Editorial por Luis Molina

La pedofilia se define como una atracción sexual recurrente hacia niños o jóvenes y desde el punto de vista criminológico es una parafilia que puede ir en aumento hasta convertirse en un delito. Según dicen los expertos, estos degenerados inician con fantasías o intentos de prácticas sexuales con niños, hasta llegar a la violación sexual.

En Michigan los casos de maestros que abusan sexualmente o violan a sus estudiantes menores de edad han sido una constante en aumento en los últimos años, tal como ahora se presume ocurrió con el profesor James Patrick Christians en el Condado de Kent quien fue detenido y vinculado a proceso por la violación de una alumna cuando tenía 13 años en el año 2001.

Sin embargo, este no es el único profesor señalado por este delito hay otros docentes que han incurrido en dicha práctica afectando a menores de edad. Me pregunto yo ¿Qué es lo que mueve a una persona cuya finalidad es la enseñanza a abusar de sus alumnos y de esta manera marcarlos de por vida?

Si nos fijamos, lo que mueve en todos los abusos es el poder más que la sexualidad porque encontramos que algunos de estos maestros tienen una vida aparentemente normal, típica de cualquier otro adulto, satisfactoria y aun así cometer actos de pedofilia en la que abusan de niños y niñas.

Lamentablemente tienen una gran satisfacción sexual derivada del uso sin trabas de su poder, sentir que pueden disponer de la persona, obligarla a hacer lo que quieren y que todo queda en un secreto. Lamentablemente muchas veces a los niños no se les cree cuando hablan de este tipo de abuso sobre todo si quien ejerce este abuso es una persona de prestigio como un maestro que puede mostrarse amable, cuidadoso, etc. Que un niño denuncie a su maestro muchas veces implica que quien está fallando es el menor de edad.

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Esto pasó con la mujer abusada por el profesor James Patrick Christians al cual le llegó tarde la justicia, pero le llegó, ya que su víctima no pudo denunciarlo ya sea por miedo o por vergüenza ya hasta la edad adulta, y es evidente la marca que dejó en ella ya que era algo que la atormentaba y no dejaba vivir.

En mi particular punto de vista ninguna persona de este tipo debería trabajar en la educación ya que pone en riesgo la seguridad de los más inocentes y vulnerables, los niños. Y los padres dejamos a nuestros hijos en las escuelas con la seguridad de que serán educados no violentados. 

Las autoridades educativas deberían redoblar sus esfuerzos a la hora de contratar personal docente y en la medida de lo posible hacer test psicológicos para ver que a quien se contrata no sea un potencial violador o pedófilo. 

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