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Una reflexión sobre  la Encrucijada Fronteriza

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Opinión por Héctor Loya

Como población estamos sujetos a un examen crítico de la situación migratoria. Más allá de filias y fobias, es nuestra obligación generar un análisis minucioso del manejo de la migración, la relación entre países y el seguimiento puntual a los tratados internacionales que tienen un impacto directo en la inversión que se materializa en nuestra frontera.

Es menester ver a través de la desinformación y desvelar los mitos que han ensuciado nuestra conversación pública al respecto del tema.

Lo que es una realidad es que, en materia migratoria, tanto los países expulsores, de tránsito y receptores de personas migrantes deben desarrollar estrategias  públicas basadas en visiones homologadas y bajo los paradigmas de los derechos humanos.

Pero obviamente esto no sucederá de forma significativa hasta el paso de las elecciones de noviembre en Estados Unidos y las políticas migratorias dependen mucho de la nueva conformación del Congreso estadounidense.



Por su parte, el gobierno mexicano actual ha intentado invertir en programas sociales para atender las causas estructurales del fenómeno migratorio en Centroamérica. Por ejemplo, el programa Sembrando Vida tiene un impacto directo en la generación de empleos en Centroamérica, abordando las desigualdades que son factores de expulsión en nuestros países hermanos y que empujan a las personas a migrar hacia el norte global, aunque esto no ha frenado el fenómeno migratorio.

Es de reconocer que mínimo en México han tenido iniciativa en ello; sin embargo, son igualmente válidas las críticas en materia de derechos humanos por el trato que la Guardia Nacional y el Instituto de Migración ha propinado a los migrantes; destacando el evento que resultó en la terrible muerte por incendio y asfixia de 40 migrantes detenidos bajo llave muy cerca del Puente Internacional Paso del Norte, y por el cual pensamos que las cortes se han quedado cortas en dictaminar a los responsables de cuello blanco.

Además cada vez Texas pone las cosas más difíciles, ya que decide una y otra vez complicar el flujo comercial por razones políticas xenofóbicas. Es necesario que se aborde la legislación laboral para crear una política de inclusión laboral sostenible para los migrantes.

Esto es fundamental, ya que se está desaprovechando, en los dos países esta valiosa mano de obra valiosa.  Pienso yo que si se aprovechara esta mano de obra podría contribuir al fisco y al desarrollo.

En conclusión, la relación de México con Estados Unidos y la gestión de la migración requieren una mirada crítica, alejada de prejuicios y basada en una comprensión profunda de los desafíos y oportunidades que enfrentamos.

Definitivamente, es imprescindible que se siga promoviendo políticas inclusivas y colaborativas que beneficien a todos los involucrados.

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